lunes, octubre 28, 2013

PABELLÓN DE BÉLGICA

Arquitecto: Thomaes, Driesen y Meersman



El pabellón belga, de carácter efímero, se encontraba en la calle Isaac Newton, anteriormente conocida como de Europa durante la Muestra universal de 1992, entre los pabellones de Holanda y de Francia.

Estaba concebido como una gran estructura de forma cúbica recubierta de pequeñas láminas transversales recubiertas de una tela parasol, que tenían la función de ofrecer una apariencia transparente al conjunto a la vez que ofrecían sombra al recinto. En su interior, el contenido expositivo se configuraba en torno a varios contenedores individuales separados entre sí por escaleras mecánicas. En la entrada, el visitante se encontraba con una gran plaza en pendiente de 3.600 metros cuadrados que se fusionaba con un lago, junto a una monumental escalera mecánica de 25 metros de altura, el puesto de información y un escenario.

Maqueta del pabellón
El pabellón de Bélgica estaba dedicado al diálogo de la humanidad y la Ciencia. La región autónoma de Bruselas realizaba una encuesta sobre este tema a los visitantes del Pabellón y con los datos obtenidos se redactaría la Carta de Bruselas que tenía como fecha de presentación el 12 de octubre, día de la clausura de la Expo '92. 

Se crearon cuatro recorridos o itinerarios distintos, con el fin de que el visitante visitara diferentes exposiciones y audiovisuales relacionados entre sí en una misma temática. Así, se podía disfrutar del film "La oreja de Servais", un espectáculo audiovisual y sensorial donde el visitante descansaba sobre unos originales asientos climatizados realizados en cristal de varios colores por la empresa belga Val Saint-Lambert.

El pabellón belga reunía además contenidos artísticos de gran valor dentro de la llamada "caja negra" como pinturas de Rubens, artistas barrocos, Ensor, Delvaux... Además de mapas históricos, como alguno de Mercator, se exponían maquetas de barcos exploradores, descubrimientos como el batiscafo o cómics de Tintín, del belga Hergé.

El pabellón belga (en el centro de la imagen) entre los pabellones de Francia y de Holanda


Tras la clausura de la Exposición Universal, el edificio pasó a ser propiedad en 1993 de la empresa belga International Creative Property, dedicada al desarrollo de proyectos sobre nuevas tecnologías en el tratamiento del agua. En 1995, Jaime Montaner, presidente del Parque Tecnológico, cancelaba el derecho de superficie de esta empresa al descubrir que, aparte de no estar desarrollando los proyectos planteados de I+D, había convertido la planta baja del pabellón en un bar-restaurante y había acumulado una deuda de 12 millones de pesetas. Todas estas irregularidades, junto a la pronta quiebra de la empresa, hicieron que el pabellón cayera en estado de abandono, período que se prolongó durante casi una década, hasta 2003.

En mayo de ese año, el Parque Tecnológico, por aquel entonces Cartuja’93, decidió acometer la demolición del pabellón de Bélgica que, junto con el de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, demolido meses atrás, aún permanecían sin función asignada después de una década.

Distintas vistas del incendio del pabellón - 11 de junio de 2003      
Una calurosa tarde de junio, mientras se llevaba a cabo la costosa labor de desmontaje, los últimos vestigios del malogrado pabellón comenzaron a arder. El fortuito incidente, que puso en peligro a los demás edificios colindantes, como los pabellones de la Comunidad Económica Europea o el de Francia, necesitó la intervención de un nutrido equipo de bomberos, que no sin dificultad, extinguieron el fuego pasadas las 20,30 horas.